domingo, 3 de octubre de 2010

EL PERDON


El perdón no se da.
Perdón, se pide.

En numerosas ocasiones he oído a personas prestigiosas (psicoterapeutas, educadores, gurús, maestros, etc...) señalar que en sus talleres, seminarios o encuentros, se "trabaja" de manera muy particular el acto de perdonar y perdonarse.
Lo hacen a través de diferentes técnicas de sugestión, o visualizaciones, en donde dentro de un escenario imaginario ideal, el paciente o cursante, perdona a aquellos que lo han herido.
Asi los padres (vivan o no) son liberados por el hijo lastimado a través de ese perdón imaginario que éste mismo les da...(ejemplo clásico.)
En la imagen se abrazan y son felices. En el seminario los participantes lloran y se abrazan felices... también. Todo es belleza y alegría...
Si en ese mismo momento se hicieran los análisis necesarios a cada cursante, los resultados evidenciarían un potente y considerable aumento de las defensas corporales: el cerebro es el gran aliado de lo ilusorio, llevando al cuerpo las sensaciones de las imágenes que en ese instante creamos y creemos.
Cuando el entusiasmo se aquieta, y la dopamina vuelve a su flujo cotidiano...todo pasa a ser como antes era, sólo es cuestión de tiempo para que la realidad demuestre que eso era un nuevo escape.
El tema "perdón" es algo controversial, ligado a la religiosidad o alguna divinidad. Cuando se perdona, el actor que lo hace, siente cierta superioridad moral.
A través del perdón uno expía sus culpas, se aliviana y se siente mejor en relación a un hecho o situación: así las partes vuelven a ser "buenas"...hasta el siguiente conflicto...
Estamos tentados a perdonar, es parte de nuestra vanidad y arrogancia que nos hace creer superiores frente a múltiples hechos.
Lo que quiero decir es que El Perdón sólo es una ruta de ida.
Todos tenemos la capacidad de pedir perdón.
Nadie tiene la virtud de perdonar.
Considero que hacen falta tres elementos anteriores al pedido de perdón, para que la acción expiatoria brote y florezca:
1) reconocer sin duda alguna ser el causante de una acción, hecho, situación, etc, que le ha provocado un daño, una herida, una ofensa, a otra persona.
2) Arrepentimiento verdadero, y
3) aceptar las consecuencias del acto.
Entonces pido perdón...es inevitable que suceda ese pedido, es espontáneo y liberador. Aunque las consecuencias sean duras o amargas (rupturas, separaciones, soledad...)
En la reparación que pretendo con el perdón, YO no importo. Importa la otra persona, aquella que fue herida, sometida, dañada.
En la reparación que pretendo con el perdón, no debo querer lavar mi imagen, ni limpiar mi nombre. Yo no importo, importa el otro.
Pedir perdón es un acto liberador cuando el ego se aquieta. Cuando permite ver que el otro es mi propio reflejo.
Cuando se piensa demasiado en pedir perdón, cuando se insiste en una reparación, cuando el perdón se organiza como si fueran vacaciones (se busca el sitio ideal, el momento justo, la hora adecuada, el regalo oportuno), diré que eso es simple especulación.
Pedir perdón es un acto espontáneo que nace en el medio del vientre.
Y duele, porque en ese instante el Ego queda expuesto con sus podredumbres y miserías.
Después de eso hay cierta paz.



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